(ya que no nos ayudan, que no nos molesten)
Una vez más, como en otras ocasiones (demasiadas), los trabajadores de oficinas que desarrollamos nuestro trabajo en el mundo real con clientes de carne y hueso tenemos que padecer presiones de todo tipo, externas, internas y mediopensionistas.
Al parecer, en los despachos aislados del mundanal ruido y de la vida cotidiana, lo único importante es el cumplimiento de sus agendas, sus prioridades y sus ocurrencias.
Hoy, día de pago de pensiones, por parte de distintos entes directivos (esto parece el ejercito de África, demasiados generales de academia para tan pocos soldados) se convocan diferentes reuniones telemáticas en horario de atención al público, dándose el caso de oficinas en que todos los trabajadores tienen que estar escuchando las típicas tontunas de libro de autoayuda mientras atienden a los clientes (aunque, en teoría, sería en vez de atender a los clientes)
Una bonita manera de empezar el día, constatando que lo que nos pasa o nos deje de pasar a quienes estamos picando el carbón no tiene importancia ninguna para quienes, en teoría, tendrían que desarrollar una estrategia directiva razonable, basada en la realidad y no en los ensueños de quienes creen que la entidad funciona gracias a su capacidad y su inteligencia y muy a pesar de las limitaciones de los trabajadores de oficinas a los que nos consideran como gentes de poco entendimiento y poca voluntad de trabajo por lo que hay que aleccionarnos y presionarnos a diario con las mismas inútiles banalidades.
No somos burros de carga, por mucho que se empeñen.
Y, como siempre decimos, a palabras necias, oídos sordos.
Que hablen y hablen y hablen, hasta que se aburran.
22 de septiembre de 2026
P.D.: ¿Sería mucho pedir que, desde las alturas, alguien tomase las medidas pertinentes para acabar con este sindiós?
Que no nos llamen ilusos por tener una ilusión.